miércoles

Amablemente

La encontró en el bulín
y en otros brazos...
Sin embargo, canchero y sin cabrearse,
le dijo al gavilán: "puede rajarse;
el choma no es culpable en estos casos."
Al quedarse bien solo con la mina,
buscó las alpargatas y, ya listo,
murmuró cual si nada hubiera visto:
"Cébame un par de mates, Catalina."
La grela, jaboneada, le hizo caso.
El tipo, saboreándose un buen faso, la mateó,
chamullando de pavadas...
Y luego, besuqueándole la frente,
con toda educación, amablemente,
le fajó treinta y cuatro puñaladas.


Edmundo Rivero, Argentina, 1911-1986

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